Español(Spanish Formal International)English (United Kingdom)
Purchase Now!

twins_01-10-2010_B_bruna_small

 

 

 

 

Order an autographed copy of "Twins: Seeing Double" and get FREE shipping!

Just click on Add to Cart, and don't forget to put who to dedicate it to on the Comments field please.

$ 12.95


You will need a PayPal account to order from this site. If you don't have one, you can order the book via Amazon.com going to this link.

Shopping Cart
Your cart is empty
Author's Log In



Sofia's Blog Entries

Escribí un artículo sobre mis recuerdos de Navidad cuando éramos chicos. El título es Bacalao.
 

Adiós Arizona

 

Adiós Tucson, me voy de vuelta a Nueva York.  Me regreso bronceada y con menos kilos.  El desierto me chupó la prisa y un poco de grasa.  Me curó el dolor de rodilla y me derritió el pedazo de alma que tanto invierno en Nueva York me había hecho hielo. 

Me voy llena de sol pero ando arrastrando la cobija porque no me quiero ir.  Traigo la necia idea de que yo aquí pertenezco.  Y la explicación es sencilla: Tucson es México con infraestructura gringa.  Lo mejor de los dos mundos, en paquete integrado, todo incluido.  La gente es buena, venden tortas en la calle y puedes confiar en la policía.  Vivo en Calle Rosa, esquina con Cloud, vecina de la calle Beso en una zona que se llama Sabino Canyon.  O sea, toda una mezcla perfecta de español e inglés que tiene las calles limpias, pero está lleno de nopales.  En la tienda compro queso fresco y barbacoa, paletas Michoacán y tortillas calientitas.  Hay una panadería que vende las mejores conchas que he comido en mi vida.  La gente no te mira raro si hablas español.  El salón de la escuela de mis hijos está plagado de González, Hernández, Ramírez.  Las mujeres son morenas, guapas y altas, con las meras norteñas de Chihuahua.  O más bien “Shihuahua” como dicen ellas.

Y todo esto lo voy a cambiar por las nevadas de mierda en febrero, la actitud de dioses de los niullorquinos y los impuestos que son un abuso.  No se vale.  Me quiero quedar aquí por siempre.  Quiero seguir viendo a los tecolotes hacer nido en la palmera del jardín. A las tarántulas pasearse muy oriundas ellas afuerita de la casa, impávidas ante nuestra presencia, pasando por la vida sin lastimar a nadie (excepto a los bichos que se comen, claro).  Quiero ir por siempre de caminata a las montañas, a ver los millones de espinas de los saguaros brillar ante los primeros rayos del sol a las 6 de la mañana.  Ese sol que aparece precioso antes de las 8, que pinta el sol de rosa y naranja al atardecer, pero que a medio día es infernalmente devastador.  Hoy estuvimos a 43 grados centígrados.  Una ridiculez. Pero prefiero sudar que congelarme, eso que ni qué.  Prefiero aguantarme la frustración porque aquí nadie tiene prisa y son de lo más desorganizados, a lidiar con los groseros de Nueva York.  Porque al fin y al cabo, sé lo que es la mediocridad, crecí en el país del “ahí se va” y del “no hay”.  Por eso no me cuesta vivir aquí, hasta me entretiene.  Porque el país en el que crecí es de mariachi, tequila y alegría, y eso abunda aquí también.

Espinas_de_saguaro_2Le digo adiós al desierto que me curó la tremenda herida de ausencia que traía desde que dejé México hace 18 años.  No me había dado cuenta cuánta melancolía traía enterrada en le pecho como una estaca invisible.  El desierto me la sacó a punta de nopales bien preparados y el olor de los chiles poblanos asándose en el mercado de los domingos.  Ese mercado lo voy a extrañar, porque es como un mercado sobre ruedas de pueblo mexicano.  Y qué será de mi vaquero güerito, ay qué guapo muchacho el que vende la carne y el pollo sin hormonas.  Pantalón de mezquilla, botas, sombreo vaquero, ojo azul y sonrisa perenne.  Mi novio en el mercadito, qué será de él?  Seguirá vendiendo feliz sin mi presencia.  Porque la vida sigue, contigo o sin ti.

No voy a extrañar el estúpido calor del verano, ni las calles rascuaches ni al sol que se mete a nuestro cuarto a las 4:45 de la mañana en el verano.  No voy a extrañar los cucarachones que se meten a veces en la casa, ni la sensación de infierno cuando vas caminando sobre asfalto en un estacionamiento.  No voy a extrañar la base aérea plagada de cientos de aviones de guerra que nadie usa pero que están ahí como testimonio del tremendo complejo narcisista y bélico de este país.

Voy a extrañar a la gente, amable y sonriente.  A los niños chapoteando en la alberca hasta altas horas de la noche.  A la vecina cubana, a mi amiga argentina, a las ardillas minúsculas que corren subrepticias brincando en los hoyos de sus madrigueras bajo tierra. Las serpientes seguirán viniendo a visitar el jardín tímidas y hermosas.  Los coyotes aullarán en coro a media noche y yo no estaré aquí para escucharlos y agradecer que todos estamos vivos en un solo grupo de seres vivientes, conectados en formas imperceptibles.  La magnífica luna llena del desierto iluminará las noches cada mes como si fuera el sol mismo, y yo no veré las sombras de los mezquites que ella dibuja sobre la arena.  No crecerán girasoles constantemente bajo el comedero de pájaros que pongo en el jardín.

Voy a extrañar a este desierto como una paria que dejó su tierra a marcha forzada. Pero más que nada, me voy a extrañar a mí misma.  La Sofía del desierto es una mujer más tranquila, más en paz que la vive en Nueva York.  Porque aquí estoy en mi elemento, me muevo como se mueven los demás, hablo como hablan los demás, no soy la rareza andando.  No soy la excepción.  Me como unos tacos de carne asada como todos los demás, y nadie se fija. Me rió fuerte y nadie voltea.  Doy una vuelta en u donde no se debe y nadie me mira feo.

El desierto me curó la ausencia, y ahora temo que de ausencia moriré enterrada bajo la nieve.  Espero que el verano en Nueva York me suavice la aterrizada, y que cuando extrañe el cantar los pájaros que viven en los saguaros, pueda escucharlos aún a dos mil quinientas millas de distancia, porque su canto me lo llevo en el corazón.

Nos vemos en unos años Arizona. Volveré como las oscuras golondrinas, pero esta vez para quedarme por siempre.

 

Sofía

Junio 18, 2010

Last Updated (Saturday, 19 June 2010 06:46)

 

De Amor y de Lluvia

Lluvia.  Rain.  Falls during the night, like a surreptitious robber.  The drops sneak past the God of Dry, who rules the desert in Tucson. They fall on the mesquites, on the nopales, on the rocks.  Each minute element of sand gets soaked.  The first time it rains, as hard as that can be, after a little bit it is like nothing happened: the desert is so thirsty it soaks it up, it gulps water like a nomad who has been wandering and Nopal_mojadolost for months.  It is a trick of magic, because if you had not seen the rain, you would have never guessed it happened.  Then the second rain comes, and with the anxiety of the first rain gone, the sand now gets moist.  You see puddles when you wake your dogs in the morning. The wash shows signs of the passing water, minute walls that weave curves on the sand, so perfectly wavy you don’t want to step on them.

In January the rain comes to the desert, the air is cold, the Catalina Mountains are white with snow.  There are clouds above, a rare view in what is normally a straight blue shiny sky.  You see them and you cannot take your eyes off them, you are mesmerized, because you suddenly realize how beautiful rain clouds are.  You never see them, and your soul is getting drenched with their presence.  They pass majestic, and eventually will break to let you peek into a triangle of sapphire behind, reminding you that above them, hope exists.

La lluvia lava todo.  Rain washes everything.  It rolls over the rocks, gets slurped by saguaros, who are now chubby and happy.  They get inflated with life after the rain.  Saguaros know of scarcity.  They go several months without water, standing tall and proud, like it does not matter.  But when the rain falls, you can almost feel them sigh in relief, gathering every droplet available, swelling like an accordion full of fluid music inside.  Wet music, with the gila woodpecker yelps as a background.

Every plant here remembers the drought.  Seven months ago, the heat was ridiculous, the sand was burning, shade brought no relief.  The desert shuts down under the criminal sun. The trees get grey, the cacti sharpen their thorns, nothing moves at noon.  Eating happens at night, when every living creature crawls out with eyes thankful they survived another day of summer heat in the desert.  Weeks go by. Not a drop.  Maybe the occasional monsoon, which is a joke, granted even if it lasts long, it cannot make up for the absolute martyrdom of the inferno that engulfs the desert for months.  And months later, splash! The rain falls, not once, but twice, thrice.  Days in a row.  The desert is greener, it shines, almost squeaks because it is so clean, lavadito, rechinando de limpio.

Rain in the desert is like love lost found. It stays in our memory or in our hope for so long.  But it does not come.  We wait.  We patiently sit around life looking down the road, maybe ‘the one’ is coming towards us, oh, there, maybe it is him, a cloud far away, no, it was not him, it did not rain today, we will continue dry inside, dry outside, waiting for love to bless us with their moisture.  And then one night, after a windy afternoon, we hear rain.  Our heart hesitates, bumping inside pum, pum, drip, drop.  Here he comes, love at last.  The morning finds every single tiny little leave decorated by tiny drops who resist to let go.  We smile at the mirror, he loves me, he does.  I do too.  Come down again rain, empapame con tu locura, arrastrame a tu cueva de amor desesperado. Drown me with your slippery hand, cure the blisters of the summer, make me forget all the time I was without you.  I missed you, let me absorb you in eternal kisses while the clouds float above, promising even more rain.  Let me love again. Let it rain again.

 Gotas


Last Updated (Wednesday, 29 December 2010 02:15)

 

 

Bookmans

Bookman's now carries our books in their shelves and on-line.

 

 

 

Check out our ad in Twins Magazine, the only magazine solely dedicated to mothers of twins. 

Last Updated (Saturday, 17 April 2010 23:33)

 
More Articles...